Dios de palabra

Cuando alguien nos da su palabra de honor, ya sea para cumplir o llevar a cabo algo, estamos confiando de que sucederá tal y como se nos dijo; mucho depende de quién sea, o de quién se trate. Por ejemplo: cuando un niño le dice a su papá que lo lleve a pasear y éste le dice que sí, pero no lo hace, el padre pierde credibilidad con su hijo, y más si lo hace de una manera muy frecuente.

Hace algunos años hubo un caso que me impactó mucho con una pareja de misioneros, que por cierto se convirtieron en grandes amigos: iban con frecuencia a predicar la Palabra de Dios a los reclusorios y en alguna ocasión mi amigo asistió solo, ya que su esposa ese día en particular no pudo acompañarlo. Cuenta que cuando estaba a punto de retirarse de aquel lugar, un hombre lo alcanzó pidiéndole si podía orar por un compañero suyo, por otro recluso que se encontraba muy, muy enfermo de SIDA. Accediendo a su petición fue a verlo y orar por él, pero cuando lo vio, dice que lo vio tan mal y tan enfermo, que su oración fue: “Señor recógelo, llévatelo en paz…”, porque ante los ojos de mi amigo éste ya no tenía remedio. Y al hacer éste tipo de oración se retiró del lugar.

Dos o tres años después mis amigos se encontraban predicando en una campaña espiritual, cuando mi amigo bajó de la plataforma, un hombre robusto y lleno de vida se acercó a saludarlo y a darle las gracias. Mi amigo le pregunt el porqué y éste dijo: “Muchas gracias porque usted oró por mí cuando me encontraba muy enfermo de SIDA en el reclusorio.” Mi amigo cuenta que Dios en ese momento lo confrontó y le dijo: “tú no creíste que podía sanarlo, pero él si creyó que podía levantarlo, por eso está aquí. Porque Yo Soy un Dios de palabra, que cumplo lo que digo.” ¡Wow! La veracidad de Dios por encima de todo. Mateo 24:25 (NVI) dice: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras jamás pasarán”. En éste pasaje bíblico tan pequeño se ve mucho de Dios, su veracidad, su fidelidad; todo podrá moverse, pero su Palabra jamás, tan intacta como ella sola.

No sé qué es lo que Dios te ha prometido, o qué te dijo hace tiempo, tampoco sé si en este momento estés en los “porqués”, ¿por qué no se ha cumplido lo que me dijiste desde…? ¿Porqué tardas tanto en cumplir esto, o aquello? ¿Señor, acaso te has olvidado de mí?”, etc. Isaías 49:15,16 (RVR 1960) dice: ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”. El porqué Dios no ha cumplido algunas promesas en tu vida no lo sé, tendrías que preguntarle específicamente al Señor de ello, ya que Él es un Dios personal. La oración, el ayuno y la Palabra son armas tan eficaces donde Dios nos revela lo que está sucediendo. Así como creemos cosas muy simples, como cuando ordenamos una pizza y sabemos que llegará, de igual manera, puedes tener la seguridad y la confianza de que Dios cumplirá lo que te prometió, porque el Señor está tan comprometido (fidelidad), o sea lealtad que se debe el uno al otro. Puntualidad, la exactitud en la ejecución de algo. Así de comprometido esta Dios en cumplir el propósito que tiene con cada uno. Si Él te prometió algo, Él lo cumple, porque Dios es un Dios que tiene palabra, es la palabra del único Dios vivo y verdadero; y Él nunca dejará de ser, Él no cambia, Él sigue siendo Dios. Hebreos 13:8 (NVI) dice: Jesucristo es el mismo ayer y hoy y por los siglos”.

Rossi Sotelo “Marcando la diferencia”.

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